Esta denuncia, si que es importante, porque llegar a la casa de la familia Ferreiro, es como viajar por el túnel del tiempo y aterrizar de golpe, en la España de los Santos Inocentes...Y para que no se diga que puedo exagerar, las palabrar que voy a poner, son de los orígenes más diversos.

De Fiestas, Celebraciones y Quijotes

Vicente Luchena Rodríguez

De nuevo llegan las fiestas del mes de mayo, no sólo en Puertollano, también en otras muchas localidades. Llega el buen tiempo y, con él, las celebraciones, romerías y verbenas; pero no para todo el mundo.

Por fin ha llegado la, quizá, mayor celebración en la historia de esta región: EL QUIJOTE. En esta ocasión hemos tomado la excusa de un número redondo, los 400 años de la publicación del “inmortal libro de Cervantes”. Una excusa como otra cualquiera para que se hable de esta región, no importa si luego se hace propaganda vacía, propaganda barata o divulgación de algo imposible de visitar, hay que aprovechar cualquier excusa -y esta hay que reconocer que es buena- para que los gobernantes salgan, si cabe, aún más en la pantalla.

Llevamos cuatro meses de celebración, y muchos estamos ya HARTOS de tanto Quijote que pocos han leído; HARTOS de tanto Cervantes que, nos dicen, malvivió en su tiempo; HARTOS de tanta Ruta –oficial- de Don Quijote, que es un auténtico dis-pa-ra-te; HARTOS, igualmente, de tanta agonía papal televisada, de tanto funeral, de tanta entronización, de tanta boda real, de tanta sucesión real, de tanta... TONTERÍA.

Mientras las mentes están ocupadas en tantas y tantas cosas que escapan a su control y que realmente no les afectan en absoluto; mientras las neuronas trabajan afanosamente en analizar, una y mil veces, si “su alteza real fulanito primero” se casa o se descasa, si el amor verdadero de “menganito segundo” no era su primera esposa, sino la segunda, si la tendencia sexual de “zutanito tercero” interrumpirá la dinastía monárquica en un pequeño país que pocos podrían situar en el mapa; mientras la “gente normal” debate, en bares y peluquerías, si la tonadillera de turno ha ido al país tropical a hacer turismo cultural o “a lo que van todas”; mientras el árbitro sea el culpable de que este o aquel equipo vaya como va, o que ese multimillonario jugador no pueda jugar porque está deprimido...

Mientras el universo virtual se retuerce, se analiza, se desmenuza, se investiga, mientras..., tenemos a nuestro lado situaciones que no se pueden celebrar, y que nos retrotraen a la “Edad Media”; así solemos calificar a esas realidades que nos evocan las épocas más oscuras de nuestra historia, y que deberían avergonzarnos como sociedad organizada, como sociedad moderna, como sociedad de derecho.

Estoy hablando de una familia, de una familia que vive en un lugar emblemático para nuestra historia provincial, en un lugar que, curiosamente, nuestro gobierno regional promociona para el turismo, e incita a visitarlo. Esta familia tiene poco que celebrar, a excepción de las visitas de amigos y conocidos. Esta familia es buena gente, gente humilde, y cuya mejor descripción quizá sea que son “la hospitalidad hecha carne”.

Esta familia vive en un lugar que fue citado por Miguel de Cervantes en su Rinconete y Cortadillo. Sus antepasados daban posada al viajero, y alivio al caminante. Además, se suministraban agua del cercano río Tablillas y de una fuente citada en Don Quijote de la Mancha. Viven a la orilla del histórico Camino Real de la Plata o de Toledo-Córdoba.

Esta familia, antaño, vivía en un conjunto de casas denominado alquería, con otras seis familias más. La alquería estaba situada dentro de una gran finca que la rodeaba. Jamás estas familias tuvieron un roce, un desencuentro, una enemistad con los sucesivos propietarios que tuvo la finca. La familia de la que hablo fue quedando sola, viendo como sus vecinos marchaban en busca de mejores oportunidades laborales y de vivienda.

Pero..., en 1986 llegaron los problemas; un nuevo propietario compró la finca, y entró cual elefante en cacharrería. Aprovechando el maremagno de las obras del tren AVE, que atraviesa la finca, comenzó a cerrar caminos públicos, cortar el río, desviar los cordeles, etc., etc. Aquí comenzaron también las complicaciones para la familia, habitante del emblemático lugar.

El propietario de la finca se hizo rápidamente con amigos en las administraciones públicas que le afectaban: municipales, regionales y fluviales. A partir de ahí, las irregularidades que se cometían en la finca eran todas ellas “subsanadas”, sin necesidad de llegar a “molestos” expedientes de infracción.

Volviendo a nuestra familia, desde entonces viene denunciando una situación grave de acoso por parte de sus ricos vecinos. A esta familia, entre otros muchos agravios, le fue arrebatada el agua, y se le niega el derecho a disponer de electricidad, cuando pasan los cables junto a la vivienda.

Esta familia, necesita urgentemente JUSTICIA, no favores, sino simplemente JUSTICIA; esa JUSTICIA que hasta ahora se les ha negado, utilizando sucias triquiñuelas legales, expedientes que se “pierden” en los despachos, o la “colaboración activa” de representantes públicos.

Estoy hablando de la familia Ferreiro, y de su Venta de la Inés o del Alcalde. Con agradecimiento por su hospitalidad y su amistad, y deseándoles mucho ánimo para afrontar tanta injusticia. No están solos, aunque son ellos los más perjudicados. Sus vecinos solamente son ricos en dinero y tienen la razón de la fuerza, los Ferreiro son ricos en amigos y tienen la fuerza de la razón.

Publicado en el Diario El Día, Extra de Feria de Mayo 2005

http://solienses.blogspot.com/2005/11/venta-de-la-ins.html

Venta de la Inés

Cerro del Cuerno/57

A veces uno tiene dificultadades para decir con palabras lo que ha vivido, visto y sentido. Como hoy, cuando un viaje a pocos kilómetros te estrella de sopetón con el mundo de Los santos inocentes, que creíamos superado y no lo está. Uno se cuestiona entonces si resultará verdad eso de que vivimos en un estado de derecho y de que la justicia es un bien universal, o más bien lo que parece es que perviven y se resisten viejas formas de caciquismo rural imposibles de erradicar por completo.

La Venta de la Inés es una antigua posada rural que, según Cervantes, "está puesta en los fines de los famosos campos de la Alcudia, como vamos de Castilla a la Andalucía", en el antiguo Camino Real de la Plata, que comunicaba Toledo y Córdoba. En tan literario lugar manchego se vive hoy una situación que resultará difícil explicar en pocas palabras. Su propietario, un hombre de 75 años, mantiene una desigual lucha por la supervivencia contra los dueños de la finca La Cotofía, que están usando de todos los recursos que proporciona el dinero para conseguir que el anciano morador abandone el lugar. Felipe Ferreiro ha vivido toda su vida en esta casa, sin problemas hasta que los actuales propietarios de la finca colindante construyeron al lado de la Venta una enorme mansión (con árboles tropicales y esculturas en el jardín) y consideraron que su vecino era una molestia. La letanía ya es conocida, y Felipe la narra con prodigiosa memoria: cortes de caminos de acceso, rotura del conducto de agua, denuncias, pleitos... Felipe da nombres y apellidos de políticos, jueces y funcionarios que saben y consienten la situación de acoso que vive él y su familia. La historia es ya conocida por repetida: ricos latifundistas que no consienten que meros ciudadanos transiten por caminos que se han recorrido libremente durante siglos.

Viendo el estado actual de la Venta y la vida en ella de sus propietarios, y confrontándolo con la suntuosidad que deja adivinar el exterior de la mansión de La Cotofía, uno comprende el significado de la palabra crueldad. La Venta ofrece una estructura que nos será muy familiar a los pedrocheños: un edificio de tres cuerpos con un amplio pasillo central empedrado y habitaciones a los lados. En el segundo cuerpo, a la izquierda, está la cocina, con una gran chimenea de campana. Bajo ella hay un fuego en el que se calientan un puchero y una chocolatera de hojalata. A la derecha hay un banco pegado a la pared y en él está sentada la hija del dueño, que es paralítica. Aunque es de día, la bombilla en el centro de la cocina está encendida. Sobre la pared hay un calendario que dice 2005.

Cocina de la Venta de la Inés. En Rinconete y Cortadillo Cervantes se refiere a ella como Venta del Alcalde. En la actualidad es una vivienda particular.

Muy cerca de la Venta de la Inés se halla la Fuente del Alcornoque, donde según El Quijote quiso ser enterrado el pastor Crisóstomo (Capítulo XII), muerto de amores. A poca distancia se encuentra también la Venta del Molinillo, donde nos encontramos a los pícaros al comenzar Rinconete y Cortadillo.

Todos estos lugares, de tanto valor histórico y literario, están situados en el Valle de Alcudia (Ciudad Real), en el antiguo Camino Real de la Plata, que comunicaba (y todavía lo hace) Toledo y Córdoba. La Junta de Castilla-La Mancha ha rehabilitado su tramo regional como parte de la Ruta de Don Quijote. Este camino atraviesa Los Pedroches por los términos de Cardeña y Conquista.

DIARIO SIGLO XXI

Publicado el 6 de mayo de 2006 a las 07:08 horas. |
El ventero de la Inés - Nieves Fernández

Llegamos a la Venta en una primavera agradecida con el Valle de Alcudia que atravesamos embelesados, sorprendidos. Después de muchas curvas nos encontramos milagrosamente en un camino estrecho, rodeados de flores silvestres a ambos lados del autobús que nos transporta, ahora acompasadamente. Eso nos transmite una sensación de paz y bienestar, como si estuviéramos inmersos en la imagen de una fotografía con objetivo curvo de un planeta ingenuamente infantil y florido, salido de un cuadro de arte naif con paisaje verdoso.

Nos recibe con buzo azulina de faena, quien a sus casi 80 años no ha dejado de trabajar ni desea jubilarse, ni como dueño ni como guardador de la Venta centenaria, nótese que no decimos vigilante, ni guarda. Primero, nos ofrece su hospitalidad, grande, humilde y grande, haciéndonos leer la placa que recuerda a Cervantes, colocada al lado de la puerta. Al instante, ya está recitando pasajes cervantinos del Quijote y de Rinconete y Cortadillo que memoriza como pocos, sobre todo los pasajes referidos a su Venta, al lugar donde vive junto a su esposa e hija, ambas discapacitadas.

Se llama Felipe Ferreiro, desciende de gallegos y resiste en su feudo cervantino de la Venta de la Inés de Almodóvar del Campo, aguanta frente las adversidades y la falta de entendimiento vecinal que le obligan a vivir como toda la vida. Porque así es como vive esta familia, apartada en el campo, sin luz, un minúsculo molino da vueltas a escasos metros de la casa; nada que ver con los molinos harineros convertidos a fuerza de imaginación por Don Alonso Quijano en gigantes, aunque... gigantes poderosos, haberlos “haylos”; nada que ver con los captadores de energía eólica que se levantan orgullosos en otras colinas manchegas. Una pequeña placa solar completa el insuficiente suministro energético. Pero, por un día, esas pequeñas incomodidades definen para nosotros la aventura viajera; así, todos felices y contentos. Es volver al pasado, como si el progreso fuera imposible que llegara a la Venta cervantina.

Tras el largo viaje, el precario lavabo de Uralita, alejado de la vivienda, cerca del corral de aves, o de la alambrada de los perros de compañía, ahora encerrados para no molestar al turista, o de los surcos de sándalo, orégano y hortalizas, nos ofrece entre bromas y viejos recuerdos de corrales de infancia algo de alivio e intimidad. El inodoro ha de llenarse a golpe de cubo y bidón dispuesto a la salida, aún así hay cola y sonrisas femeninas para entrar. Felipe se queja de que su vecino no le deja engancharse a la luz y al agua de la modernidad, lo hace sin dar nombres, le llama el “todopoderoso”, se queja de injusticia como la Pastora Marcela se quejaba a los hombres que la criticaban por ser la responsable de la muerte de Grisóstomo, quien, según la novela, está enterrado, cerca de la Fuente de Alcornoque, muy cerca de la Cueva de la Inés, ambas citadas por Cervantes. Pero Marcela no es culpable, ni tampoco Felipe. Y sus quejas se lanzan al cauce del río que baña las dos propiedades. Sin embargo el río no contesta, ni a la pastora Marcela ni al ventero Felipe, por más viajeros que lleguen en autobús como nosotros, los de Quijote 2000, a repetir la hazaña y recordar entre poetas y cervantistas, con El Quijote en mano leyendo bajo la centenaria higuera del patio de la Venta, cerca de los pollitos y la gallina clueca o encima de una resbaladiza roca, porque los ríos no suelen dar respuestas ni soluciones. Eso lo hacen los hombres y la ley les aclara y divide con sentencias y normas.

La Venta de la Inés es una Venta disputada entre tradición y cultura, entre legalidad e intereses, entre lugareños y ecologistas, entre senderistas y cervantistas, incluso entre ciudades. A un paso de ser declarada Bien de Interés Cultural, BIC, como inmueble de patrimonio cultural y etnográfico esperamos de su oportuna protección y supervivencia. Mientras tanto, las gachas picantes allí degustadas nos dicen que la tradición no debe ser culpable ni motivo de queja. El libro de visitas y firmas regalado al ventero por cierta alcaldesa cervantina se llena, se resiste con sus mensajes a ser de allí defenestrado y el BIC celebra.

LA VOZ DE GALICIA

ETNOGRAFÍA
El último ventero es «gallego»
Felipe Ferreiro, nieto de un mineto de Ourense, mantiene en Ciudad Real la única posada de la época de Cervantes, situada en medio de un tramo de la ruta quijotesca.

Benito Ordoñez(Santi Garrido)
Felipe Ferreiro Alarcón cumplirá mañana domingo 75 años, que son los mismos que lleva viviendo en la Venta de la Inés, antes llamada Venta del Alcalde, la única de la época de Miguel de Cervantes que se mantiene en pie. El escritor no sólo la cita en uno de los pasajes de Rinconete y Cortadillo, donde paran a descansar los dos pícaros, sino que una fuente muy cercana, la denominada del Alcornoque, está situada cincuenta pasos más allá: era el sitio de la plática de Marcela y Crisóstomo y lugar donde enterarron a éste , al pie de la peña (capítulo XII del Quijote).

Más allá del protagonismo de la estancia en la prosa cervantina, la relevancia crece por su situación, pues su puerta de acceso da de lleno con el Camino Real de la Plata, una arteria fundamental de conexión, durante siglos, entre Toledo y Córdoba, entre Castilla y Andalucía. Por ella pasó muchas veces Cervantes, y en ella se aposentó y tomó notas del entorno. Seguramente la enorme morera del patio, entonces chica y hoy quintocentenaria, fue testigo de aquellas correrías. La venta es más vieja, y hoy está incluida en uno de los tramos del la ruta cervantina, una especie de Camiño Xacobeo literario que Felipe Ferreiro observa cada día y donde recibe, con una hospitalidad a prueba de molinos y encantamientos, a todo aquel que quiere conocerla.

Felipe es nieto de Domingo Ferreiro Álvarez, un ourensano emigrante que llegó de minero a Horcajo a finales del siglo XIX. Eran buenos tiempos en unos yacimientos legendarios que dieron de comer a miles de personas. Pero todo se acaba. Fracasó la mina, fracasó un pueblo que medró al lado y el abuelo se murió con poco más de 20 años. Está enterrado a 7 kilómetros de la venta y su retrato aún cuelga en las paredes de la vivienda. Dejó un hijo, Domingo Ferreiro Yust, nacido el 13 de abril de 1900, fruto del matrimonio con una cordobesa, e iniciando así la estirpe de los Ferreiro en estas tierras manchegas que son las del Valle de la Alcudia, partido de Brazatortas y municipio de Almodóvar del Campo.

Fue su mujer, precisamente, quien recibió en herencia la famosa venta, que había adquirido su familia, y así hasta hoy. Una placa y una inscripción dan fe del linaje, que nada habría de perturbarlo, salvo las decenas de visitantes que día a día quieren conocer estas piedras testigo de otra época. Incluso de Galicia llegan, y bastantes, explicaba hace dos días Ferreiro Alarcón.

Sin embargo, sí hay algo que lo perturba mucho desde hace unos ocho años. Hace 18, la finca que rodea la mayor parte de su propiedad cambió de manos y pasó a una sociedad que, según cuenta, ha querido dejarle sin agua y luz, tal vez para obligarlo a vender e integrarlo en la hacienda mayor, como hicieron otros vecinos de la zona que ya se fueron. Felipe litiga, pero no ha tenido demasiada suerte en los tribunales, más bien al contrario. Tampoco posee mucho dinero para hacerlo, ni fuerzas. Vive con su mujer, enferma, y su hija, con una discapacidad física, y el trabajo diario poco le deja para abogados y tribunales a quien además, lleva todo su vida entre estas encinas y peñascos. «Sólo he salido para ir a Madrid», explica.

Ha recibido, no obstante, el apoyo de Ecologistas en Acción y de la Asociación de Amigos de la Venta de la Inés para que los vecinos no cerrasen los caminos. El presidente de esta sociedad, Rafael González Jiménez, que ha organizado marchas a la zona y hasta le ha dedicado versos y canciones, no es muy optimista: «Pero seguimos luchando y trabajando», explica desde su domicilio de Ciudad Real.

Felipe Ferreiro, de orígenes gallegos como lo fue el escritor del Quijote, mantiene en su hogar un pequeño nexo con la época de aquel: un molinillo de viento para generar energía. Del que nada teme.